…
Nos reimos y nos seguimos riendo, nada podía ser triste, ninguno de los dos podría estar perdido, muerto, o lejos. En ese momento, estábamos ahí y era imposible disolver nuestra perfección, que era pura y encajaba con nuestras miradas, nuestros cuerpos hasta con nuestras bocas. Suspiramos
En ese momento nada podía robarnos las sonrisas…










